Han sido meses muy duros. Abandoné Moria a su suerte y hasta hoy he estado vagando por páramos y montañas, sólo, sin rumbo determinado. Hastiado de orcos y otras criaturas demenciales dejé de un plumazo todo aquello por lo que había luchado. Dejé Khazad-dûm en manos –en garras- de Azog y los suyos.
Hace poco más de una semana, en un lugar desprovisto de nombre, me crucé con un traficante sureño. Dijo venir de Moria. Cargaba en su carro yelmos y hachas de mis antepasados e intentó venderme algunas de dichas piezas. Le pregunté cómo las había conseguido. Guiñó un ojo y habló sobre orcos que realizaban trueques a cambio de cerveza y cerdo salado.
— Una ganga, maese enano. Por un barril de cerveza te dan dos hachas. —comentó.
Aunque también me advirtió que no me aventurase por allí. Sólo hacían negocios con gente de confianza.
Decapité al sureño. Fue una bendición poder viajar montado en un carro tirado por dos caballos sumisos. Estaba harto de caminar.
Ahora estoy en
¡Mellon!




1 comentarios:
Un placer tenerle por aquí denuevo, compatriota ^^
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