Espero que al recibo de esta se hallen bien de salud, ya los compañeros que llegaron hace unos días me dieron nuevas sobre ustedes y estoy más sosegado en ese aspecto. A partir de ahora será a través de Noïn como nos haremos llegar noticias, ya les explicaré más adelante el por qué.
La situación de las Minas es cada vez más dificil. Comparado con los primeros días, donde la impresionante soledad de los antiguos salones me reconfortaba a la vez que me infundía un terrible respeto ahora el murmullo constante de muchas voces hace que añore algo de aquella calma.
Los acontecimientos han dado un vuelco desde que los nuestros aparecieron por el Lago Espejo, providencialmente si se me permite decirlo. Ahora nosotros ocupamos la zona de la Sala de Escritura y los de Erebor permancen en los salones cercanos a las Puertas. Se han hecho fuertes y han bloqueado los pasadizos que podrían darles problemas.
Yo sigo intentando el acercamiento entre los dos grupos, pero Kibil, el jefe de vuestra expedición no quiere ni tan siquiera hablar de ello. Él vio con sus propios ojos como "los otros", como los llama, intentaban matar vilmente a uno de los de su raza, y eso es algo que un enano no puede olvidar jamás. Kibil menospreció a los enanos de Erebor llamándolos mezquinos, pero aunque yo le intenté convencer que los mezquinos eran también hermanos en Aulë, Kibil hizo un gesto despectivo. Los mezquinos son escoria y todo aquel que se considere un buen enano debe acabar con lo que quede de esa raza. Eso es lo que desde pequeños nos enseñaron, Mellon, me dijo mientras hacía con el puño el gesto de aplastar algo. Aunque sigue respetándome como Señor de Moria, en realidad él es el que toma las decisiones sobre la defensa de nuestra posición.
La defensa de la que les hablaba antes es frente a las comadrejas. Han multiplicado su presencia en las minas casí por cientos. Están en todas partes y siempre esperando al acecho, prestas a atacar. Nosotros hemos caido ya en dos emboscadas de las que afortunadamente no hemos lamentado baja alguna. De los de Erebor nada sé, aunque temo que al estar más desguarecidos tengan mayores problemas. Aunque Kibil dice que las comadrejas acuden porque hay aquí Khâzad y eso les proporciona opciones de robar viveres y otras cosas, yo no creo eso. Sigo pensando que Azog tiene algo que ver en ello.
Tampoco veo nada claro que el odioso cuervo fuera hasta Aglarond con mensajes de apremio. Aunque le he jurado a Kibil y a los otros que yo no tuve nada que ver con dichas misivas, ellos siguen pensando en que si bien Thârkun es un traidor, quizá la lealtad a nuestra casa haya sido más fuerte que lo que los orcos le puedan dar y que de no ser por él ahora mismo yo estaría en la panza de algún wargo o devorado por las aves carroñeras. He de admitir que tienen razón pero...
Cambiemos de asunto, me gustaría saber que tal les va a los vecinos con su nueva excavación, ya que...[...]"
La zarpa negra y peluda dobló con cuidado el pergamino y lo volvió a dejar sobre la mesa. Miró hacia el bulto que permanecía en el suelo, inmovil. Dió una orden rápida y dos grandes orcos salieron de la penumbra y levantaron por los sobacos al ser. Azog se acercó al ente y le arrimó un odre con un cordial que el enano se negó a beber. Los dos orcos le obligaron a abrir el gaznate y a trasegar una generosa ración del brebaje, que al poco hizo efecto en el enano.
Los ojos de ambos se cruzaron y durante un buen rato el enano le hizo frente, pero al final tuvo que apartar la mirada. El poder maléfico de Azog podía doblegar a casi todos los seres de Arda.
- Noïn - el enano se sobresaltó al oir su nombre. - ¡Léeme que es lo que dice aquí! - dijo el orco señalando la carta de Mellon. El enano nego con la cabeza. Estaba bastante débil pero aun podía mantener cierta cordura en sus actos. Azog comenzó a impacientarse mientras jugueteaba con el filo de la carta. Jamás entendería esa obstinación de los paticortos por ser leales y nobles. - ¿No quieres colaborar engendro de Aulë? ¡Pues a las mazmorras con él! - ordenó y al momento entró un pelotón de cuatro orcos que prendió al enano. Uno de los dos orcos que estaban en la estancia se puso al frente del grupo y salió de la estancia, no sin antes cruzar una mirada de complicidad con su Capitán. - ¡Sacadlo por el conducto sur! - fue la postrera orden de Azog mientras los orcos, a paso rápido arrastraban a su prisionero.
Una vez salieron todos de la sala, Azog se volvió hacia unos cortinajes vetustos y raidos que pendían en una pared. -¡Salid Maese!- apremió mientras dirigía sus pasos hacia la mesa.
Una pequeña figura apareció tras las telas. Llevaba el gorro puntiagudo en las manos y andaba quedamente, como queriendo demostar que las canas que poblaban su barba estaban acorde con su edad. Lentamente se dirigió hacia lo que el orco le tendía y con mano temblorosa lo tomó y leyo. Una vez concluida la lectura su faz había mudado y la ira se pintaba en el rostro.
- Las bellas palabras que Maese Mellon le dedicara a tu hijo tan sólo eran eso, palabras - Azog comenzó a hablar sin mirar directamente al viejo - por descontado que al estar sólo intentó hacerse amigo de los moradores más antiguos. Pero ya podeis ver Maese Ignun que en cuanto llegaron sus congéneres las cosas han cambiado.




3 comentarios:
Excúsenme la justificación y la diferencia de letras, la verdad es que los orcos no nos llevamos muy bien con el editor de blogger.
Gran actualización, Azog, y esto cada vez se pone mas interesante...esperaré impaciente la próxima entrada.
...Balin Fundinul Uzbadkhazaddumu...
Vaya, me lo pones dificilillo.
Cuando mi jefe se sosegue un poco tras mi regreso de vacaciones, contestaré como es debido a vuestra trama, señor Azog.
A vuestro servicio,
Mellon Gabilul.
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