- La sala de escritura se ha convertido en refugio desde hace varios días. Todos los intentos de entablar amistad con los enanos de Erebor han resultado en vano. Patrullan sin cesar las pocas galerías que creen tener bajo control, eliminando cada vez más snaga. Estos últimos siguen llegando por docenas, y ya las hachas de los enanos comienzan a quedarse romas de tanta acción.
- Por su parte el primer enano ha habilitado el pasaje del anaquel, que conduce hacia los túneles del sector XXV. Se sirve de ellos para entrar y salir a por provisiones, y parece que hasta tiene un pequeño mapa de esos niveles. Aprovecha la oleada de snaga hacia sus parientes para entrar y salir con sigilo. Comienza a parecerse a las ratas que habitan el Eriador. De momento no ha detectado nuestra vigilancia.
- Desde Etten viene noticia de los olog disponibles para las futuras operaciones. De momento están en camino tres, que junto al que se recupera en las Zonas Bajas hace ya una buena escuadra de asalto.
Cuando Azog termino de recibir los partes de cada uno de sus subordinados sonrió con una mueca extraña, y se alejó hacia la escala que llevaba a las terrazas exteriores.
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Mellon tenía la extraña sensación de que alguien o algo le seguía en sus incursiones al exterior en busca de víveres. Pertrechado como estaba con su mejor armamento no temía a nada ni a nadie, y estaba dispuesto a luchar por su derecho al mithril de las minas. En los últimos días sus primos de Erebor habían estado entretenidos con las comadrejas, y apenas habían podido seguir su búsqueda. Estaba preocupado puesto que por fin había comprendido el engaño del infame Azog. Erebor había venido aquí para quedarse, y conquistar lo mismo que él buscaba. Y a causa de las mentiras que el abyecto cuervo vertió contra él, nunca podrían considerarlo como su aliado. Y sin embargo estaba preocupado ya que las comadrejas cada vez aumentaban en número y temía que sus primos no pudieran hacerles frente.
Cerca de las puertas de Moria encontró huellas frescas de un conejo. Marchó agazapado hasta que lo divisó, y mediante una rudimentaria honda que llevaba días perfeccionando logró abatirlo. Contuvo un grito de júbilo y se dispuso a cobrar la pieza, cuando notó que no estaba solo. Sin perder la calma, se colgó el conejo en el cinto y, echando mano al hacha corta, se giró lentamente.
Esta vez eran tres los enanos que le cercaban, parece que las comadrejas no habían sido tan persistentes en esta ocasión. Sin decir nada, poco a poco avanzaron hacia él mientras echaban mano de sus armas. Mellon también retrocedió hasta que su espalda tocó la fría roca. Sabía que llegado a este punto no valían palabras entre ellos. Afianzó sus potentes piernas en el suelo, aferró el mango de su hacha de combate y esperó la embestida. Esta no tardó en llegar desde su flanco derecho. Al menos le atacaban con honor, uno para uno. El de Erebor llevaba escudo y lo utilizó para defenderse, aunque Mellon intentó no herirlo. Los golpes de ambos no llegaban a su destino, aunque cada vez a Mellon le quedaba menos terreno. Los otros enanos jaleaban a su camarada, que envalentonado intentó un ataque bajo. Mellon lo repelió como pudo y le arreó en toda la testa un golpe con la empuñadura de su hacha. El enano se tambaleó unos segundos y cayo tendido a sus pies. Mientras los otros entraban en acción, Mellon aprovechó para ganar la salida del pequeño valle y dirigirse a la puerta. En ese momento lo vio. Sobre unas rocas a modo de terraza, el Inmundo disfrutaba del combate. Cuando se vio descubierto, soltó una sonora carcajada.
Mellon se paró en seco y el enano que lo perseguía a punto estuvo de alcanzarle. Se giró y le dijo
- ¿Es que no lo has visto ahí arriba? ¡Ese es en verdad nuestro enemigo! -
El de Erebor lo miró con desprecio, después echó una ojeada donde Mellon le señalaba y escupió.
- Maldito Mezquino, ¡que tretas no usarás para poder matarnos como hiciste con nuestro compañero!- y le lanzó un golpe seco que hizo que Mellon, que se había vuelto para mirar la terraza ahora vacía, cayera en tierra. Los enanos lo rodearon lentamente, mientras se preparaban para ejecutar la sentencia.
En ese momento un cuerno en la distancia, acercándose. Y con él voces, voces conocidas.
- ¡¡Aglarond!! ¡¡Aglarond por el hijo de Gabil!!
Mientras los dos enanos ayudaban a su compañero a escapar hacia las puertas de Moria, Mellon sé quedó mirando el refulgir de las hachas que acompasadamente se le acercaban poco a poco.
- Por su parte el primer enano ha habilitado el pasaje del anaquel, que conduce hacia los túneles del sector XXV. Se sirve de ellos para entrar y salir a por provisiones, y parece que hasta tiene un pequeño mapa de esos niveles. Aprovecha la oleada de snaga hacia sus parientes para entrar y salir con sigilo. Comienza a parecerse a las ratas que habitan el Eriador. De momento no ha detectado nuestra vigilancia.
- Desde Etten viene noticia de los olog disponibles para las futuras operaciones. De momento están en camino tres, que junto al que se recupera en las Zonas Bajas hace ya una buena escuadra de asalto.
Cuando Azog termino de recibir los partes de cada uno de sus subordinados sonrió con una mueca extraña, y se alejó hacia la escala que llevaba a las terrazas exteriores.
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Mellon tenía la extraña sensación de que alguien o algo le seguía en sus incursiones al exterior en busca de víveres. Pertrechado como estaba con su mejor armamento no temía a nada ni a nadie, y estaba dispuesto a luchar por su derecho al mithril de las minas. En los últimos días sus primos de Erebor habían estado entretenidos con las comadrejas, y apenas habían podido seguir su búsqueda. Estaba preocupado puesto que por fin había comprendido el engaño del infame Azog. Erebor había venido aquí para quedarse, y conquistar lo mismo que él buscaba. Y a causa de las mentiras que el abyecto cuervo vertió contra él, nunca podrían considerarlo como su aliado. Y sin embargo estaba preocupado ya que las comadrejas cada vez aumentaban en número y temía que sus primos no pudieran hacerles frente.
Cerca de las puertas de Moria encontró huellas frescas de un conejo. Marchó agazapado hasta que lo divisó, y mediante una rudimentaria honda que llevaba días perfeccionando logró abatirlo. Contuvo un grito de júbilo y se dispuso a cobrar la pieza, cuando notó que no estaba solo. Sin perder la calma, se colgó el conejo en el cinto y, echando mano al hacha corta, se giró lentamente.
Esta vez eran tres los enanos que le cercaban, parece que las comadrejas no habían sido tan persistentes en esta ocasión. Sin decir nada, poco a poco avanzaron hacia él mientras echaban mano de sus armas. Mellon también retrocedió hasta que su espalda tocó la fría roca. Sabía que llegado a este punto no valían palabras entre ellos. Afianzó sus potentes piernas en el suelo, aferró el mango de su hacha de combate y esperó la embestida. Esta no tardó en llegar desde su flanco derecho. Al menos le atacaban con honor, uno para uno. El de Erebor llevaba escudo y lo utilizó para defenderse, aunque Mellon intentó no herirlo. Los golpes de ambos no llegaban a su destino, aunque cada vez a Mellon le quedaba menos terreno. Los otros enanos jaleaban a su camarada, que envalentonado intentó un ataque bajo. Mellon lo repelió como pudo y le arreó en toda la testa un golpe con la empuñadura de su hacha. El enano se tambaleó unos segundos y cayo tendido a sus pies. Mientras los otros entraban en acción, Mellon aprovechó para ganar la salida del pequeño valle y dirigirse a la puerta. En ese momento lo vio. Sobre unas rocas a modo de terraza, el Inmundo disfrutaba del combate. Cuando se vio descubierto, soltó una sonora carcajada.
Mellon se paró en seco y el enano que lo perseguía a punto estuvo de alcanzarle. Se giró y le dijo
- ¿Es que no lo has visto ahí arriba? ¡Ese es en verdad nuestro enemigo! -
El de Erebor lo miró con desprecio, después echó una ojeada donde Mellon le señalaba y escupió.
- Maldito Mezquino, ¡que tretas no usarás para poder matarnos como hiciste con nuestro compañero!- y le lanzó un golpe seco que hizo que Mellon, que se había vuelto para mirar la terraza ahora vacía, cayera en tierra. Los enanos lo rodearon lentamente, mientras se preparaban para ejecutar la sentencia.
En ese momento un cuerno en la distancia, acercándose. Y con él voces, voces conocidas.
- ¡¡Aglarond!! ¡¡Aglarond por el hijo de Gabil!!
Mientras los dos enanos ayudaban a su compañero a escapar hacia las puertas de Moria, Mellon sé quedó mirando el refulgir de las hachas que acompasadamente se le acercaban poco a poco.




4 comentarios:
NO te quejarás
Ya veremos cómo te portas con mi familia.
La familia es sagrada... recuerda "El Padrino"
Un bel domani, fratello.
Me alegra que las cosas se esclarezcan poco a poco, amigo Gabidul. Espero mas noticias.
Saludos del Rey Bajo la Montaña.
Pronto tendrá usted más noticias, Lord Balin.
En cuanto resuelva unos asuntillos.
A vuestro servicio,
Mellon Gabilul
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