He intentado varias veces parlamentar con los Enanos de Erebor. Ha sido imposible. Son aún más testarudos de lo que cabe esperar de un buen Enano. En cuanto me ven, cargan contra mí y me persiguen hasta que tienen que dar la vuelta para no perderse. En eso tengo ventaja. Conozco mejor Moria que ellos.
Aunque les entiendo. Yo en su lugar hubiese hecho lo mismo. No tienen por qué dudar de la palabra del cuervo. Ambos pueblos, Enanos y Cuervos, han sido aliados desde hace muchas generaciones. Pero en todo cesto siempre encuentras una manzana podrida. Y ésta manzana en concreto, hace su podrido trabajo muy bien.
Quizás desesperado, o puede que harto de la situación, he tomado una decisión drástica. El resultado de dicha decisión está aquí a mi lado. Atado de pies y manos. Con la boca tapada con un paño. Mirándome con odio y fiereza.
Espié a los de Erebor y escogí el rehén adecuado. Me decanté por uno que se viese la punta de los pies por si tenía que moverlo estando inconsciente. Cuando yo llegué aquí tenía una barriga digna del mejor bebedor de cerveza de Aglarond. Ahora estoy flaco como un galgo de Harad. Al menos mis brazos y piernas se han endurecido como la piedra.
Esperé a que el Enano que había elegido estuviese de guardia y usé para cazarlo el trozo de mithril que tenía. Puse la plata en un recodo y esperé a que pasase haciendo su ronda. Cuando lo vio fue directo a él. Al agacharse le cogí por detrás y le puse una daga en la garganta. Le dije que no se moviese o moriría. El muy idiota se revolvió contra mí. De haber querido le hubiese rebanado el pescuezo, pero no era el caso. Antes de que se soltase le di un cabezazo en la base del cráneo. Tiene la cabeza dura, pero parece ser que la mía aún lo es más. Cayó al suelo sin conocimiento. Yo me he quedado con un fuerte dolor de testa que tardará días en desaparecer.
Conseguí llevármelo cargándolo a la espalda antes de que sus compañeros notasen su ausencia.
Ahora lo tengo aquí, sentado en el suelo, atado y amordazado. Le he contado toda la historia, sin omitir nada. También le he dicho que voy a dejarle ir para que diga a los suyos lo que ha escuchado. Pero no todavía. Esperaré a hablar con ellos y ofrecerles el rehén como gesto de buena voluntad.
Voy a quitarle la mordaza para darle un poco de agua. Espero que no se ponga a gritar como un poseso. Tengo un dolor de cabeza inaguantable.




5 comentarios:
Son muy rencorosos...se han dejado llevar por falsas palabras...normal que no se pueda parlamentar. Puede probar a ofrecerles algo a cambio de que os escuchen, no creo que sean tan rastreros tenderle una enboscada. Espero ansioso nuevos informes, Lord Gabidul.
Sería un buen momento para dar buen uso al mithril restante... que los regalos pueden esperar, creo yo.
Entre pillos anda el juego, jajaja...
Déjame tan sólo ocuparme de ciertos asuntos que me retienen actualmente en Lugbûrz y verás que pronto aprenden esos paticortos decapitadores.
Mornatur,
Habrá que esperar a ver que pasa con los orquitos. Parece que están bien escondidos temblando de miedo ante tanta hacha afilada :-)
Luego ya veremos si el mithril sirve para hacer entrar en razón a mis primos de Erebor.
Los orcos están a punto de aparecer... dales tiempo, después vendrás llorando como una niña por haber osado siquiera sonreir.
¿Nervioso? yo lo estaría, la que se te avecina no es cosa baladí.
El Anonimus
Publicar un comentario en la entrada