lunes 7 de mayo de 2007

Conversación al estilo enano

Hablar. El orco me propuso hablar, ni más ni menos. Destriparlo, eso es lo que debería haber hecho. Pero en ese instante mi mente estaba saturada por la presencia del trozo de mithril. Es lo más hermoso que jamás he tenido entre mis manos. Mientras me deleitaba con el brillo de mithril Azog comenzó a hablar.
La verdad es que no le presté demasiada atención. Dijo algo sobre el poder de los Orcos del Norte, del nuevo resurgir de no se que diantres poder oscuro y –eso sí que me interesó- que él, y sólo él, tenía acceso al mithril de Moria.
Después dijo que tenía algo que proponerme. Algo que nos concernía a ambos. Me preguntó si me interesaba escuchar lo que tenía que decir.
Hablar. ¿Quién balrogs quiere hablar con un orco? No le contesté.
Calculé la trayectoria, sopesé el mithril y lancé. El trozo de plata de Moria impactó en las facciones deformes de Azog. Aulló de dolor. ¡Qué sonido tan reconfortante! Afortunadamente el mithril rebotó en su cara y cayó a la sala. Ahora es mío. Es la prueba que necesitaba para atraer a los enanos de Aglarond a las minas.

He cabreado bastante a Azog y ha lanzado a varios de sus efectivos contra mí. He estado horas resistiendo en la sala de Escritura. Cegué la ventana por la que apareció el orco y creo haber sellado todos los accesos. Aunque después de lo visto ya no se que pensar. Parece que Moria tiene muchas entradas secretas que comunican unas salas con otras. Debo ser precavido.

En el asalto ha caído otro soldado de Azog. Uno lo suficientemente descerebrado como para meter la cabeza por el hueco de la ventana cuando yo estaba tapándola. Lo peor de todo es que, tras segársela de un hachazo, la cabeza se ha quedado dentro y no podré sacarla hasta que los túneles sean seguros. Apesta. Creo que jamás podré quitarme el olor a orco de encima.

Ahora tengo que preparar el mithril para que Tharkûn lo lleve a Aglarond. Es un trozo grande y pesa demasiado. Me llevará días –con las escasas herramientas de las que dispongo- dividirlo.
Uno de los pedazos será para forjar un anillo para mi madre. Otro, el más importante, hará que en Khazad-dûm resuenen de nuevo centenares de pesadas botas enanas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Y después dicen que somos nosotros las bestias!

¡Ché peccato caro amico!

Mellon Gabilul dijo...

Soy enano. No tengo humanidad :-)
No te quejes, orquito. Sólo ha sido un "mithrilazo" de nada.

Pronto tendré tanto mithril que te llenaré la panza con él... después de sacarte las entrañas.