El orco que he matado hoy estaba bien alimentado y era fuerte, y se movía por los túneles con precaución. Parece ser que no llevaba mucho tiempo aquí. Creo que están entrando a Moria por alguna puerta que desconozco.
Tharkûn, en una de sus idas y venidas al exterior, lo vio merodeando cerca de la sala de escritura y me avisó. Salí de la sala armado con hacha y una tea encendida.
Pronto lo localicé. Estaba solo. En un principio creí que era Azog. Pero no. El Infame –así he bautizado a Azog- se esconde en los niveles inferiores desde hace días.
Me atacó con su cimitarra nada más verme. Vino hacia mí trotando, con la boca muy abierta y enseñándome la lengua. Estúpido orco. Cuando estuvo cerca, aproveche para meterle la tea encendida hasta el garganchón. Luego le partí el pecho con el hacha.
Le he cortado la cabeza y la he clavado en una de los soportes de antorcha del pasillo. Que sepan, el Infame y los suyos, que este nivel es territorio de Mellon Gabilul. El cuerpo lo he tirado por uno de los pozos para que se pudra en las estancias de Azog.
He tenido que reprender al cuervo. Ha estado picoteando los ojos y la lengua de la cabeza del orco. Ahora no me habla. Se ha enfadado conmigo. Le he dicho que si quiere comida que salga a buscarla al exterior. Todo lo que hay en Moria está putrefacto.
Añoro un buen baño y unas cuantas pintas de cerveza.




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