viernes 20 de abril de 2007

Preparando la defensa

He pasado la noche en vela estudiando legajos en busca de tratados sobre trolls. Encontré uno de un tal Mormatur –no hace referencia el documento a si el autor es enano o no- que habla de diversas técnicas para combatirlos. Una de ellas, denominada trampa de sol, es ingeniosa. Se trata de un cebo dentro de un rompecabezas para que el troll se entretenga hasta el amanecer. Eso no me vale en la perpetua penumbra de Moria. También dice como atacar a los tendones del talón para derribarlo. Eso me convence más, pero en el tratado es un individuo –supongo que hombre o elfo por lo que dice- el que debe cortar los tendones mientras otros dos a caballo lo hostigan con lanzas.
La situación es complicada para mí, solo como estoy.

Mientras buscaba algo sobre trolls también hallé referencias –pocas y difusas- sobre los engendros que había visto –escena que jamás olvidaré- devorar al troll. Eran fruto de uniones no consentidas entre trasgos y mujeres de la raza de los hombres, e incluso mujeres hobbits. Por lo visto un grupo de ellos se ha cobijado en Moria. Lo que aún desconozco es si el troll, y seguramente Azog, han acabado con todos ellos. Creí estar solo en Khazad-dûm al llegar. Ahora veo que pululan por los túneles criaturas que hasta hoy sólo había conocido a través de los cuentos y leyendas que me relataba mi madre.

He decidido enfrentarme al troll. A punto he estado de abandonar la sala de escritura y buscar refugio en uno de los niveles superiores. Pero no, no lo haré. Voy a dejar las puertas abiertas de par en par. Espero que esto desconcierte al troll que, se supone, viene a derribarlas. Puede que eso me de unos segundos de ventaja y consiga segarle los tendones. Esperaré fuera de la sala de escritura, escondido en el pasillo.
He mandado a Tharkûn fuera de las minas. Le he dicho que si no sabe de mí al pasar dos días, regrese a Aglarond y de a mis padres la noticia de mi muerte.
Ahora sólo me queda afilar las hachas, esperar al troll y pedir a Mahal que el brazo no me falle y el corazón no se amedrente en la batalla.

7 comentarios:

Mornatur Ormacil dijo...

Este es tu desafío, Señor de los Naugrim, y estoy seguro de que saldrás de él con gloria suficiente para ponerte junto a tus ancianos Padres, aquellos que en Belegost forjaron mi propia espada. Pero sólo diré una palabra: náro.

Anónimo dijo...

¡Juas!

Túrin dijo...

Si tocara el tambor todos los bichos saldrian corriendo de Moria sin necesidad de tanto tropel.

Mellon Gabilul dijo...

Qué graciosillo el matalagartijas...

Azog i Orch, Moria Goroth dijo...

Y no olvideis que complementa los estruendos del tabal con berridos proferidos con su gaita, que no galega.

Lord Balin dijo...

¿Esas bestias todavía perduran a pesar de mi ausencia?. Purga a esas deformes abominaciones en nombre de Mahal y libra a Khazad-Dûm de tal plaga. Serás honrado por tal acción y bien recibido en Belegost ^^.

Anónimo dijo...

Otro lunático... ¿donde está Belegost ahora maese paticorto?

ah... quizá en el fondo del mar, si, seguro