Esta tarde, fortuitamente, escuché el rumor de voces en los túneles y fui a investigar. El murmullo me llevó a una terraza de piedra que da sobre una cámara amplia que en su día debió ser centro de reunión de los enanos de Moria. Abajo estaba Azog sentado en una repisa y junto a él un descomunal troll de mirada estúpida que no cesaba de hurgarse la nariz y sorber mocos. A punto estuve de dar un grito al ver al troll, pero pude contenerme y escuchar, agazapado como un conejo, lo que decían.
Azog llevaba la voz cantante en la conversación –me hubiese sorprendido de no haber sido así- y el troll contestaba, entre sorbido y sorbido nasal, con simples monosílabos o palabras balbuceantes. El orco llevaba en la mano un látigo que el troll miraba con temor.
Cuando llegué el troll preguntaba a Azog. Esto es más o menos lo que escuché.
-¿Comida? –dijo el troll- Graw quiere comida.
- Vamos, vamos, mi gatito –contestó el orco-, ya comiste poney la semana pasada. Ahora debes ganarte la pitanza. O de lo contrario… -Azog hizo restallar el látigo contra el suelo y el troll se encogió.
- Látigo no, amo. Graw hacer lo que digas –dijo el troll tocándose el antebrazo, recordando quizás, anteriores castigos.
- Bien, bien, pequeño –dijo Azog levantándose de un salto-. Tenemos un ratoncito en Moria al que quiero molestar un poco. Bueno, en realidad quiero aplastarlo, retorcerlo, empalarlo, cocerlo vivo y pelarle la barba.
- Graw aplastar ratoncito, amo –contestó entusiasmado el troll.
- No, no me entiendes, bobo. Yo quiero aplastarlo y todo lo demás, pero eso será más adelante. De ti, mi querido engendro de caverna, sólo espero que vayas donde yo te diga y arranques unas cuantas puertas, pises, destroces y te lleves por delante todo lo que veas. Deja que el ratoncito salga huyendo por los túneles.
- ¿No aplastar ratoncito, amo? Sólo puertas –el troll estaba visiblemente desconcertado.
- Sí, eso es. Así que ahora duerme soñando con carneros asados y ricos poneys en pepitoria. Mañana te diré dónde debes ir. ¡Será divertido!
No esperé a escuchar más. Salí de la terraza y eché a correr por los pasadizos.
Azog va a enviar a un troll para destrozar la sala de escritura.
Tengo poco tiempo para pensar qué hacer. Un troll, por estúpido que sea, es un troll. Y yo nunca me he enfrentado a uno.




6 comentarios:
En los viejos tiempos del Enemigo - el auténtico, el grande - solíamos dejarles trampas de sol. Comida aprisionada por un rompecabezas lo suficientemente complejo - y resistente - como para que el troll se quedara hasta el amanecer intentando obtener el alimento.
Mas cuando no era posible ser tan refinados o tomarse tanto tiempo, dos Caballeros de los Morneldar bastaban para empalarlo con las lanzas y, en caso de necesidad, un tercero, a pie, que les cortara los tendones del talón. Troll a la columna menos.
Ah, la guerra en los viejos tiempos era divertida.
Francamente push-golug, me gustaría ver con estos ojos que tal destreza tendrías no ya con un troll si no con un simple uruk dentro de las minas. Ahí abajo todo está oscuro, recuerda.
Sha! Si mi lengua se pusiera a hablar os deleitaría con las cosas que hicimos en el pasado... ¡ah!
Gracias, Mornatur.
No sé cómo lo haré. Pero seguro que salgo de esta. De lo contrario el diario quedaría en manos del orco ;-)
A vuestro servicio,
Mellon Gabilul.
Mira, Azog, pedazo de lodo del fondo de algún caño de Utumno... ya deberías saber que los ojos de quien ha visto la luz de los ojos de los Valar y los Silmarili - y ví los tres - no requiere de luz alguna, por más que amemos las estrellas. Y no necesito de más espacio que el justo para manejar mi Tethzûkhô - la mejor hoja forjada en Belegost - o una buena hacha de los naugrim. Ni siquiera temo a la traición. Y menos a la muerte, porque las crueles palabras de los Valar me protegen - por más que esa protección me torture hasta el final de los días de Endor.
¿He de ir a Moria para demostrarle a un ínfimo retazo del poder Oscuro cómo combate quien en su tiempo fue llamado Valaraukarbelthor?
Ja, ja, ja, ja...
Orquito, escóndete en un agujero muy, muy profundo.
Hachas y espadas se rifan tu cuello.
Me parto y me troncho con este papanatas... en el buen sentido milord!
De que coño hablas? Dame referencias o cállate escoria!
Mellon, entre tú y yo, nunca debiste dejar que otros probaran el vino.
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