viernes 13 de abril de 2007

Carta para Aglarond

Tharkûn ha pasado unos días amodorrado entre manuscritos de la sala de escritura. Ni siquiera se ha inmutado cuando Azog ha embestido contra la puerta en un par de ocasiones. No se si porque estaba muy cansado o porque sabe que él no es bocado suficiente para un orco.
Hoy le he preguntado si estaba dispuesto a llevar un mensaje y ha contestado con un escueto “sí”. Tal y como dijo mi madre, no es muy charlatán.
Le he dicho que lleve mañana a Aglarond la carta que ahora expongo:

Queridos padre y madre,
Khazad-dûm es más espléndida de lo que imaginé. Las salas son inmensas, decoradas con magníficos labrados de nuestros ancestros, de pórticos esbeltos y bóvedas que asemejan una noche sin luna que soportan el peso de la antigua montaña. Las escaleras suben y bajan enlazando los niveles que van desde la nieve de las terrazas hasta el fuego eterno de las entrañas de Moria. Los puentes, a pesar de estar la mayoría derruidos, forman un esqueleto de piedra que desafía el saber de nuestros mejores canteros. Sólo falta, padre y madre, que halle el preciado mithril que viene a buscar.
Yo estoy bien. Esto es muy tranquilo. Hay veces que el silencio se hace pesado y echo de menos el sonido de los yunques y los cinceles. Y un buen trago de cerveza acompañado del estofado que hace usted, madre.
Conocí aquí a un enano. Se llamaba Nurweon y pertenecía al pueblo de Mîm. Sí, se es difícil de creer, pero un grupo de ellos estuvo viviendo en Moria por un tiempo. Nurweon murió de enfermedad a los pocos días de conocerle. El resto de los suyos abandonó las minas antes de mi llegada. Aparte de él, no he visto a nadie más por aquí. Las historias sobre orcos que pudiera haber por aquí no son ciertas. De todos modos deben saber que mantengo las hachas bien afiladas, por si acaso.
No se preocupen, me las apaño bien. Salgo de vez en cuando al exterior a cazar y recoger vegetales. El resto del tiempo lo paso inspeccionando por los túneles buscando mithril.
Padre, tengo una máscara de guerra que le daré cuando pase por Aglarond. A usted, madre, le haré un anillo con el primer trozo de mithril que la montaña me ceda.
Digan en Aglarond que Mellon, hijo de Gabil, sigue vivo y reinando en soledad en Khazad-dûm. Todo aquel que quiera venir será bien recibido. Hacen falta brazos fuertes para revivir Moria.
El que siempre les quiere,
Mellon.

He leído esta carta decenas de veces y muchas de ellas he estado tentado a cambiarla. Me siento mal por no contar lo que aquí en realidad ocurre. Pero no puedo.
Estoy cansado, siempre alerta ante cualquier ruido extraño, casi no duermo, y cuando lo hago, sueño con la veta de mithril de la cámara del orco. Camino enfundado en hierro por los pasadizos, inspeccionando cada recodo antes de avanzar, en una incesante cacería en la que no sabes si eres el cazador o la pieza. Azog me acecha sin descanso, y sigo dudando de que esté solo.
Los compañeros de Nurweon perecieron por quedarse aquí y él descansa ahora junto a la tumba de Balin. Lo que queda del mediano está bajo un túmulo no mayor que la palma de mi mano.
No, no puedo contar esto a nadie, o nadie querrá venir.

4 comentarios:

Lord Balin dijo...

Me he leído todo lo que me faltaba por leer de golpe y he de decirle, que es un verdadero placer tenerle en la raza enana, señor Gabidul ^^.

Mellon Gabilul dijo...

Muchas gracias, señor Balin.
Es un honor para mi que se pase por la oscura Moria.
A vuestro servicio,
Mellon Gabilul.

Anónimo dijo...

Señor Gabidul, ¡jajaja!

Dejad de una vez el morapio o al menos ofreced a toda la parroquia

Mellon Gabilul dijo...

El hidromiel es bueno para la circulación sanguínea.
Lo recomiendan los matasanos enanos.
Sólo son unos cuantos tragos al día.
:-)