Extraño pueblo el de los medianos. A pesar de la situación de Merry (él lo llama sus “vacaciones forzosas” en la montaña) no pierde el buen humor y es capaz de preparar deliciosos platos con las escasas provisiones de que disponemos mientras canta obscenas canciones de su tierra. Dice que soy un aburrido porque no le hago los coros en los estribillos. Ayer pasó casi todo el día cantando algo parecido a esto:
Mi tío tenía una azada,
larga, larga, ¡qué larga!
y mi tía quería labrar
el huerto que ella mimaba,
con la azada de mi tío muy tiesa,
y larga, larga, ¡qué larga!
De Azog no sabemos nada hace días, y eso me inquieta. Debe de estar urdiendo algo.
Tuvo martirizado a Merry susurrando por los pasadizos que lo iba a despellejar hasta que desapareció. Quizás encontró algún poney de los medianos en la puerta del Lago y está haciendo la digestión en algún rincón de Moria.
Tengo que preparar una incursión a la cámara del mithril. Debo ver la veta de nuevo, no hago más que soñar con ella. Pero está el problema de dónde dejar a Merry. Conmigo no lo puedo llevar. Sería peligroso para él, y tampoco quiero que vuelva a ver la plata de Moria.
Puede que le deje atrincherado en la sala de escritura. Tengo una buena daga que le servirá como espada en el caso de que Azog consiga echar la puerta abajo.
Esperaré unos días a ver si aparece el orco. Luego ya veré cómo me las apaño para dejar seguro a Merry.
Necesito ver el mithril de nuevo…




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