jueves 29 de marzo de 2007

El archivo de Khazad-dûm

Después de hablar con el orco, en sucesivos días, visité la sala archivo. Allí encontré documentación muy variada sobre Khazad-dûm: relación de trueques con otros pueblos, sentencias jurídicas, inventarios de armamento, crónicas sobre batallas, recopilaciones de leyendas y cuentos, etc.
Me he instalado en la sala contigua al archivo, la de escritura. Es más pequeña y acogedora que el archivo y tiene chimenea, que tira bien. También hay un pozo por el que se escuchaba el rumor de uno de los innumerables ríos subterráneos que recorren las minas. La sala queda más lejos de la puerta oeste, pero su contenido es más poderoso que el tener que cruzar media Moria, con el orco rondando en las sombras, para salir al exterior.
He bloqueado con piedras de cantería la entrada del pasillo al archivo y la otra puerta, por donde se escapó el orco, dejando útiles la de acceso a la sala de escritura y la que da paso de ésta al archivo. Ahora queda una sala doble con un único acceso desde los pasadizos de Moria.
Aquí es donde comencé a escribir el presente diario. Al final de cada jornada, tras recorrer las minas buscando mithril, salir al exterior a por alimentos y vérmelas de vez en cuando con el infame Azog, me siento en una de las mesas con bancada de piedra y reviso poco a poco documentos del archivo hasta que los míos vengan. Para organizar todo esto se necesita un ejército de enanos.
El día que encuentre mithril sobrarán manos para revivir Khazad-dûm y no tendré que preocuparme de Azog.